Una en un millón: una historia de fe y milagros

 Una en un millón: una historia de fe y milagros

Una nueva oportunidad de vivir. Con solo 15 años, Angélica Rivera se enfrentó al Síndrome de Stevens-Johnson, una rara enfermedad que suele ser fatal y que Angélica padeció como una reacción adversa a un medicamento. Su cuerpo estaba prácticamente quemado por dentro y por fuera, pero venció a la muerte.

Estelí, 11 de Febrero del 2020 | "Yo volví a nacer, logré renacer, volví a luchar". La joven esteliana Angélica Celeste Rivera Toruño es una en un millón. A la edad de 15 años sufrió la rara enfermedad de Stevens-Johnson, una complicación que le provocó un medicamento para personas epilépticas que le recetaron por desmayos que padecía.

"Me brollé, normal, como que era varicela, como no me había dado, pensamos que era la varicela, tenía mucha picazón en mi cuerpo, pasaron alrededor de tres semanas, cada día que pasaba las ampollas que tenía en todo mi cuerpo se iban haciendo mucho más grandes y con pus, no comía nada, solo líquido, empecé a tener hemorragias en la boca, no dormía absolutamente nada", recuerda Angélica sobre el inicio de su enfermedad.

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Angélica vivió un duro proceso al ver su piel y salud seriamente afectados. Foto: Cortesía

Al momento de presentarse el síndrome de Stevens-Johnson, Angélica cursaba el quinto año de secundaria, en busca de mejorar su salud fue atendida en un hospital privado donde empeoró, hasta ese momento no había un diagnóstico acertado de lo que estaba padeciendo.

A punto de morir

Cuando su mamá Jasmina Toruño vio que su hija estaba delirando en una sala de Cuidados Intensivos hasta mandó a llamar a un sacerdote, y ahí empezó el milagro para Ángelica. "Ya mi hija agonizaba, no sabía para a donde agarrar, peor cuando es una hija única y estuve al momento de perderla, lo único que tenía era tristeza", cuenta.

"Recurrí a una persona a la que hoy llamó mi ángel, se llama Anabel Toruño, casi no nos conocíamos y como a las cuatro de la mañana le dije - mi hija casi se muere, ayúdame por favor -, ella me dijo que llamaba a Managua para resolverme. Hasta al padre mandé a llamar para que le dieran la unción de los enfermos, y ahí creo que sucedió el milagro, cuando nos mandaron para Managua y allá nos abrieron las puertas", relata doña Jasmina.

"Tenía muchísima picazón y la piel estaba oscura, como tostada, desde el cuero cabelludo hasta los pies, los labios los tenía en sangre, se me estaban cayendo", comenta Angélica.

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Junto a su madre y los ángeles que Dios puso en su camino. Foto: Cortesía

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Sucedió el milagro

La adolescente sintió que estaba a un paso de la muerte, pero el personal médico, en su mayoría jóvenes, desde que la vieron supieron su diagnóstico. "Cuando llegamos a Managua, en cuanto me vieron los doctores, muy jóvenes, dijeron - esta niña tiene el síndrome de Stevens-Johnson -, nunca lo habíamos escuchado y ya nos dijeron que era una enfermedad producida por un fármaco, en este caso de la carbamazepina que me dieron", recuerda Angélica.

"Era un quemado total de la piel, y también de los órganos, de la mucosa, todo por dentro se había quemado, no tenía ni fuerzas para caminar. Pasé a Cuidados Intensivos, fue una etapa muy dura, pensé que mi vida se había acabado. En el transcurso a mi cuarto me dio un preinfarto, un enfermero me vio y me dijo que todo saldría bien", manifiesta la adolescente.

Una enfermedad de uno en un millón

El síndrome de Stevens-Jhonson es una rara enfermedad que afecta a uno en un millón, es causado principalmente como una reacción adversa a un medicamento. El cuerpo se quema por dentro y por fuera y por mucho tiempo se le llamó como "la enfermedad del quemado". Los sobrevivientes, como secuela, sufren severos daños en la vista.

Angélica Celeste ahora tiene 17 años, es parte del coro de la Parroquia La Cruz del Calvario y le canta a Dios por devolverla a la vida. Junto a su madre Jasmina Toruño agradecen todos los días por ese milagro.

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Ahora Angélica desea compartir su historia para motivar a otros a vivir con plenitud y agradecimiento. Foto: Francisco Javier Rodríguez/Radio ABC Stereo

"Hoy en mi casa me arrodilló, doy gracias", asegura Jasmina. "Es un milagro, hasta los médicos lo dicen, hay un frase que dice - la medicina no solo se trata de los avances tecnológicos, 50 son de ellos, 50 son de Dios - y así fue. Como nunca me rendí, sé que Dios siempre estuvo ahí para mí", confiesa Angélica.

"La vida es el mejor regalo que he podido tener, ahora tengo el compromiso de motivar a muchas personas, con el hecho de que nos levantemos un día, ese es un milagro, yo sé que a más de alguna persona puedo tocar con mi historia y por eso la decidí contar", expresa a Noticias ABC esta sobreviviente.